sábado, 7 de abril de 2012


BOLSA REALIDAD: GANAR EN NÚMEROS ROJOS





A la bolsa se juega; pobre del que crea que invierte. Antonio Sáez del Castillo










Hemos esperado al mes de marzo de 2012 para que el diario de la mentira económica por excelencia, Expansión, titule su primera página con el sorprendente Existen productos que nos permiten ganar en una bolsa a la baja; lo cual es una verdad como un templo, pero lo es desde tiempos inmemorables, aunque leído así, en primera página, suena a novedad, a primicia, a bombazo.

Algunos pensábamos que estas noticias no se publicaban por lo obvio de las mismas. Por ejemplo: que lo que unos ganan en la bolsa lo pierden otros; o que en un gráfico alcista se gana y se pierde del mismo modo que en el opuesto bajista. Vamos, que el dinero no cae del cielo para todos cuando la bolsa sube ni se evapora cuando cae en picado; en ambos casos unos pocos se forran mientras la mayoría pierde dinero, siempre.

Tenía razón Goebels, ministro de propaganda de la Alemania nazi, al afirmar que una mentira repetida hasta la saciedad se convierte en realidad en la conciencia del pueblo, por muy absurda que sea dicha falacia. Así ocurre cuando tratan de convencernos (y lo consiguen) de que la bolsa es el reflejo de la economía de un país, o de que los beneficios de una empresa son los que mueven al alza o a la baja el precio de sus acciones en bolsa. Ambas afirmaciones son tan falsas que ni siquiera son verdades a medias.

A finales de 2011 el gobierno de Zapatero estuvo apunto de sacar las Loterías del Estado al mercado bursátil y lo frenó alguien que le dijo a él, que no a nosotros, que el indicador gráfico de la bolsa deviene claramente bajista por lo que no es buen momento para sacar una gran tajada en dicha operación. Le contaron la verdad. Pero este amago de apalancar la Primitiva nos viene de perlas para explicar por qué los resultados empresariales no interfieren en el precio de las acciones expuestas a la bolsa.

El dinero recaudado por la Bonoloto que está destinado a premios viene medido por un porcentaje, independientemente de la cantidad jugada por los españoles cada semana. Cuanto más dinero jugamos mayor es la remuneración de los premios, los cuales dependen también del porcentaje de aciertos. De cajón. Pues bien, si la dichosa Bonoloto sale a bolsa a un precio, digamos que de 10 euros por título, y a la semana siguiente las acciones caen un 50%, es decir, hasta 5 euros por acción, los premios a repartir seguirán exactamente el mismo criterio que la semana anterior y que antes de que el Estado sacara las Loterías a Bolsa. Del mismo modo, si las acciones suben hasta los 1.500 euros, en plan Terra (¿se acuerdan?), no por ello los premios se incrementarán en un 150%, sino que todo seguirá mandado por los mismos cánones.

Claro que si, visto lo visto, optamos por seguir creyendo en el sacro consejo de los directores de sucursales bancarias como si se tratara del cura del pueblo, nos ocurrirá lo mismo que cuando continuamos confiando en los que nos han robado la cartera tropecientas veces. Tenemos lo que merecemos.



Octavio Capó Truyols                                        Es Mascle Ros

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