MEIN KAMPF
Hasta las últimas
consecuencias
Cuando la derrota del tercer Reich era ya casi
un hecho consumado, Adolf Hitler
declaraba – cito de memoria – que “si el pueblo alemán, la raza aria, es
derrotado significará que nos hemos equivocado y que no nos corresponde a
nosotros ejercer el papel de raza suprema y dominante”. Pero el líder nazi
insistía en la existencia de una raza que debía subsistir sobre las demás y
concluía que “el pueblo que nos derrote resultará ser el verdadero y único, el
que deberá prevalecer sobre los demás y, consecuentemente, aniquilar a todo el
pueblo alemán que, con su derrota, habrá demostrado no ser el elegido”. Si Eva Braun y su marido se suicidaron al
igual que el matrimonio Goebbels,
quitándoles la vida también a sus hijos, siguiendo la citada premisa del
dictador y no para evitar enfrentarse a un tribunal y al escarnio universal,
significa que fueron consecuentes con sus ideas hasta las últimas consecuencias
y que, según las propias declaraciones del fürer
derrotado, admitían su error en cuanto a que el pueblo ario no resultó ser la
raza superior. “La derrota - dice Hitler - demuestra que no somos nosotros
quienes debemos prevalecer, luego es deber de nuestro rival vencedor el
exterminarnos por completo”.
Si
un ferviente seguidor de la ideología del autor de Main Kampf, un acólito del nazismo, siguiera los dictados de su
líder hasta las últimas consecuencias debería, según las propias palabras de su
líder espiritual, Hitler, imitar su ejemplo y quitarse la vida, antes o después
de haber exterminado a todo descendiente germano que se cruzara en su camino.
El idealista nazi reconoce que la derrota de su ejército es la prueba de que
estaba equivocado, así pues, continuar en la actualidad con las antiguas
prácticas del imperialismo nazi significa contradecir, desobedecer las últimas
órdenes del que fue profeta e incluso una divinidad para muchos.
Ocurre
lo mismo cuando un líder, declarado practicante y el más fiel seguidor de una
fe religiosa, la cual condena el maltrato al prójimo y el asesinato entre otros,
debe hacer un uso magistral de una pértiga que le permita saltarse los mandamientos
sagrados de su supuesta fe: a la torera. A menudo ésta pértiga viene entregada a través de un sueño, donde Dios aprovecha
la somnolencia de su elegido para darle unas instrucciones que le obligarán a
interrumpir excepcionalmente las reglas de uso de su propia doctrina. A esto lo
denominamos mandato divino, y es creído a pies juntillas por una masa compuesta
por seres humanos que inventaron la palabra “inteligencia” y se la atribuyeron.

Octavio Capó Truyols Es Mascle Ros
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